El día en que llegó
Salías del trabajo como cualquier otro lunes.
El destino te tendería una dulce trampa. Ella brillaba, más que cualquier otra estrella que podría iluminar el cielo. Su cabello, como la noche; sus ojos dos celestes luceros. Impactante.
Necesitabas conocerla... y la seguiste.
Iba casi corriendo. Ella al parecer tenía prisa de llegar a su destino.
La alcanzaste... tocaste su hombro y ella volteó un tanto confundida.
Mientras la acosabas notaste que llevaba una pequeña mochila con el nombre de una empresa y tu creatividad no falló. Le preguntaste si conocía la dirección de "Hoffman Inc.", dijiste que no eras de por ahí. Claro que estabas a unas cuantas calles de tu lugar de trabajo y Hoffman era la competencia directa de tu empresa. No te importaba, era la mujer más hermosa que jamás podrías haber visto.
Inocentemente te ofreció su ayuda, casualmente ella iba al mismo lugar que tú. Y así fue como comenzó todo. Una plática incidental que se tornó en una conversación amena y fluida entre dos desconocidos que parecían conocerse de toda la vida. Pasó el tiempo, te ibas presentando cada vez más en aquél lugar, fingías toparte con ella de manera accidental. Un buen día la invitaste a salir contigo y ella encantada aceptó.
Ella también parecía estar apantallada por tus almendrados ojos cafés y por tu cabello corto, castaño y ordinario. Eso era lo que más le llamaba la atención de ti. Eras una persona sencilla y común, nada espectacular, nada llamativa. Podías mezclarte con todos los demás, pero eras sencillamente bello.
Violeta se convirtió en tu máxima prioridad. Sólo ibas al trabajo porque necesitabas pagar tus cuentas. Todos preguntaban por ti. Ya no veías a tus amistades, ya no llamabas a tus familiares. Pensabas que no eras tan apegado a todas esas personas de cualquier forma; pero ella era diferente. No podías respirar sin estar junto a la hermosa.
Era un diamante que se pensaba carbón. Era espléndida, radiante y a la vez tímida. Una flor delicada que era perfecta para proteger. Tú querías cuidarla y seguirla a donde fuera; y eras capaz de hacerlo. Sólo bastaba que te mirara con esos hermosos ojos y caías rendido a sus pies. La hechizera te hipnotizaba.
Pronto te fuiste obsesionando. No querías que Violeta fuera a ningún lugar sin ti. Llegaste a pensar que todo lo habías dejado en vano, pues ella no te amaba. No como tú querías que lo hiciera. Ella no era capaz de abandonarlo todo por ti. Pero sí te amaba, con toda su alma.
Nunca lo pudiste entender... y se fue, con el corazón roto en la mano. Se fue con la noche, de manera tan repentina, igual que como llegó a tu vida.
Jamás podrás saber que habría pasado si te hubieras controlado... pero ya es muy tarde. Te has dado cuenta de tu error y quieres remendarlo. Tratas de encontrarla en algún lugar, pero ya desapareció. Se desvaneció.
Ahora estás sólo en tu casa, sin amistades y sin familia. Ya nadie pregunta por ti. Por ella tiraste todo a la basura. Por una moda pasajera... Y estás solo, desconsolado. No lo pudiste ver...
Jamás olvidarás aquel día en que llegó.
¿Salías del trabajo como cualquier otro lunes?... no, no lo creo...
El destino te tendería una dulce trampa. Ella brillaba, más que cualquier otra estrella que podría iluminar el cielo. Su cabello, como la noche; sus ojos dos celestes luceros. Impactante.
Necesitabas conocerla... y la seguiste.
Iba casi corriendo. Ella al parecer tenía prisa de llegar a su destino.
La alcanzaste... tocaste su hombro y ella volteó un tanto confundida.
Mientras la acosabas notaste que llevaba una pequeña mochila con el nombre de una empresa y tu creatividad no falló. Le preguntaste si conocía la dirección de "Hoffman Inc.", dijiste que no eras de por ahí. Claro que estabas a unas cuantas calles de tu lugar de trabajo y Hoffman era la competencia directa de tu empresa. No te importaba, era la mujer más hermosa que jamás podrías haber visto.
Inocentemente te ofreció su ayuda, casualmente ella iba al mismo lugar que tú. Y así fue como comenzó todo. Una plática incidental que se tornó en una conversación amena y fluida entre dos desconocidos que parecían conocerse de toda la vida. Pasó el tiempo, te ibas presentando cada vez más en aquél lugar, fingías toparte con ella de manera accidental. Un buen día la invitaste a salir contigo y ella encantada aceptó.
Ella también parecía estar apantallada por tus almendrados ojos cafés y por tu cabello corto, castaño y ordinario. Eso era lo que más le llamaba la atención de ti. Eras una persona sencilla y común, nada espectacular, nada llamativa. Podías mezclarte con todos los demás, pero eras sencillamente bello.
Violeta se convirtió en tu máxima prioridad. Sólo ibas al trabajo porque necesitabas pagar tus cuentas. Todos preguntaban por ti. Ya no veías a tus amistades, ya no llamabas a tus familiares. Pensabas que no eras tan apegado a todas esas personas de cualquier forma; pero ella era diferente. No podías respirar sin estar junto a la hermosa.
Era un diamante que se pensaba carbón. Era espléndida, radiante y a la vez tímida. Una flor delicada que era perfecta para proteger. Tú querías cuidarla y seguirla a donde fuera; y eras capaz de hacerlo. Sólo bastaba que te mirara con esos hermosos ojos y caías rendido a sus pies. La hechizera te hipnotizaba.
Pronto te fuiste obsesionando. No querías que Violeta fuera a ningún lugar sin ti. Llegaste a pensar que todo lo habías dejado en vano, pues ella no te amaba. No como tú querías que lo hiciera. Ella no era capaz de abandonarlo todo por ti. Pero sí te amaba, con toda su alma.
Nunca lo pudiste entender... y se fue, con el corazón roto en la mano. Se fue con la noche, de manera tan repentina, igual que como llegó a tu vida.
Jamás podrás saber que habría pasado si te hubieras controlado... pero ya es muy tarde. Te has dado cuenta de tu error y quieres remendarlo. Tratas de encontrarla en algún lugar, pero ya desapareció. Se desvaneció.
Ahora estás sólo en tu casa, sin amistades y sin familia. Ya nadie pregunta por ti. Por ella tiraste todo a la basura. Por una moda pasajera... Y estás solo, desconsolado. No lo pudiste ver...
Jamás olvidarás aquel día en que llegó.
¿Salías del trabajo como cualquier otro lunes?... no, no lo creo...
