El PeRico
Es la historia de un periquillo verde y parlanchín que vivía en busca de algo más. Creíase muy original, distinto de sus amigos que repetían de todos el cantar. Un día emprendió un viaje, con un pirata de altamar. "Llévame a lo desconocido," díjole Periquín. "Llévame sobre tu hombro y mi vida entera tendrás."
Y así fue como el periquillo verde embarcó la nave junto a los hombres y conoció el mar.
Pero, ¿así de sencillo fue? ¿Qué pasó con los demás?
Pues, se enteraron de las aventuras de Periquín el perico naval. Admirados por sus hazañas quisieron también viajar. "No lo hagan... Es un viaje sin regreso, salto al vacío de lo desconocido y sin marcha atrás", dijo el Viejo Copéric, pero nadie escuchó. Parlanchines, parlanchines...como veletas sin rumbo; mas ellos tomaron la nave de las seis... y tan pronto como llegaron, se fueron.
Ea pues que comenzó la travesía del alado pequeñín. La incógnita más grande: ¿por qué vamos por barco si podemos volar? - Quizá les daba miedo perder fuerza después de un tiempo... Quizá creían no poder nadar... Tal vez era por el mero placer de zarpar en un buque de semejante esplendor, viendo tranquilamente las olas del mar zafiro bajo el cielo escarchado con brillantina que tintineaba. Quizá sí, quizá no...
En fin... Lo importante es que con singular alegría se inmergía en el infinito, hacia el encuentro de su madurez.
Y así fue como el periquillo verde embarcó la nave junto a los hombres y conoció el mar.
Pero, ¿así de sencillo fue? ¿Qué pasó con los demás?
Pues, se enteraron de las aventuras de Periquín el perico naval. Admirados por sus hazañas quisieron también viajar. "No lo hagan... Es un viaje sin regreso, salto al vacío de lo desconocido y sin marcha atrás", dijo el Viejo Copéric, pero nadie escuchó. Parlanchines, parlanchines...como veletas sin rumbo; mas ellos tomaron la nave de las seis... y tan pronto como llegaron, se fueron.
Ea pues que comenzó la travesía del alado pequeñín. La incógnita más grande: ¿por qué vamos por barco si podemos volar? - Quizá les daba miedo perder fuerza después de un tiempo... Quizá creían no poder nadar... Tal vez era por el mero placer de zarpar en un buque de semejante esplendor, viendo tranquilamente las olas del mar zafiro bajo el cielo escarchado con brillantina que tintineaba. Quizá sí, quizá no...
En fin... Lo importante es que con singular alegría se inmergía en el infinito, hacia el encuentro de su madurez.
